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Palacio Real de Madrid: el relevo de la guardia se organiza el 7 de octubre

Residencia oficial de los soberanos españoles abierta a las visitas, el Palacio Real de Madrid mantiene sus ceremonias protocolares y regula rigurosamente la acogida del público.
Ceremonias vivas y funciones oficiales en la cúspide del Estado
El Palacio Real de Madrid acoge importantes actos oficiales así como la ceremonia del relevo de la guardia, recordando su función viva al servicio de la monarquía española. Gestionado por el organismo Patrimonio Nacional, el edificio es utilizado regularmente por Sus Majestades los Reyes de España en el marco de audiencias diplomáticas y actos protocolares de primer orden.
A diferencia de la mayoría de las residencias de jefes de Estado en todo el planeta, esta emblemática dirección permanece plenamente accesible al público sin perder su condición de sede oficial en activo. Esta convivencia permanente entre obligaciones institucionales, ceremonias y afluencia turística exige adaptaciones horarias específicas, pudiendo el monumento modificar la apertura de sus puertas en función de los imperativos del protocolo.
Atrayendo a cerca de dos millones de visitantes al año, el conjunto monumental se consolida como una pieza fundamental de la vida madrileña. Las decenas de actividades organizadas en torno a los recorridos de visita se articulan así con la celebración de actos solemnes, ilustrando la continuidad de un lugar de ejercicio del poder que nunca ha dejado de funcionar.
Una fortaleza colosal nacida de las llamas del antiguo Alcázar
Con una superficie superior a los 135 000 metros cuadrados y un impresionante conjunto de 3 418 habitaciones, el monumento constituye el palacio más grande de Europa occidental y figura entre los más extensos del mundo. Su historia arquitectónica comienza tras el trágico incendio de la Nochebuena de 1734, que destruyó el antiguo Alcázar medieval erigido sobre este enclave estratégico.
Aquel Alcázar original había sido transformado en palacio real cuando Felipe II decidió convertirlo en residencia oficial de los reyes de España en 1561. Tras su completa destrucción durante el fuego del siglo XVIII, la leyenda cortesana atribuyó sin fundamento el siniestro a allegados de Felipe V, quienes según el rumor deseaban concebir una réplica digna de Versalles.
Para llevar a buen término esta colosal obra, Felipe V recurrió al maestro italiano Filippo Juvarra. Este último falleció antes de ver concluido su proyecto, dejando a su discípulo Giambattista Sacchetti el encargo de adaptar el diseño para concebir una fortaleza incombustible enteramente abovedada en piedra sin ninguna estructura de madera.
La primera piedra del inmueble se colocó solemnemente en 1738, y la estructura principal concluyó en 1751. Sacchetti supervisó minuciosamente la continuación de los trabajos exteriores y el programa escultórico hasta 1759, antes de que Francisco Sabatini, arquitecto de confianza de Carlos III, aportara los últimos ajustes para permitir que el soberano se instalara allí en 1764.
De los frescos de Tiépolo a los fastos de la Real Armería
El interior del palacio refleja los gustos sucesivos de los monarcas que lo habitaron, comenzando por Carlos III, quien introdujo un esplendor artístico de inspiración italiana. Maestros de gran renombre fueron llamados a la corte, en particular el veneciano Giambattista Tiepolo y el pintor alemán Anton Raphael Mengs, cuyas series de frescos todavía decoran los techos de los salones oficiales.
Estos monarcas ilustrados, sin embargo, solo residían allí ocho semanas cada año, repartidas entre diciembre, la Semana Santa y el mes de julio, prefiriendo durante el resto del año sus otros palacios de la Corona situados en El Escorial, Aranjuez y La Granja. Los aposentos de Carlos III conservan, no obstante, un conjunto decorativo homogéneo dirigido por Sabatini.
Entre los espacios imprescindibles destacan el Salón del Trono y el Salón de Gasparini, representativos de un exuberante estilo rococó italiano. Posteriormente, Carlos IV introdujo decoraciones neoclásicas y mobiliario francés, Fernando VII adquirió notables lámparas de bronce y cristal, y Alfonso XII rubricó en 1879 la última gran fase de renovación histórica.
En la fachada oriental, los aposentos de Carlos IV y de la reina María Luisa continuaron albergando a los monarcas españoles hasta 1931. Muy cerca, la Real Armería reúne una colección militar de prestigio continental, trasladada a su pabellón en 1891 tras haber sido instalada inicialmente junto al Alcázar por Felipe II.
El itinerario por los espacios destacados incluye asimismo la Escalera Principal, el Salón de Columnas, el Comedor de gala, la Capilla Real, el Salón de Alabarderos y la Real Cocina, completando uno de los recorridos palaciegos más exhaustivos de Europa.

El pulmón verde del Campo del Moro y su evolución paisajística
Junto al complejo arquitectónico, los jardines del Campo del Moro forman un parque histórico de primer orden cuyos orígenes se remontan a las intervenciones iniciadas por Felipe II al establecer la corte en Madrid. Abandonado durante el Sexenio Democrático, el espacio fue transformado a finales del siglo XIX bajo el impulso de la reina regente María Cristina de Habsburgo.
Esta encomendó al paisajista Ramón Oliva una remodelación integral con paseos curvos, una estructura que sigue siendo visible en la actualidad a pesar de ligeras alteraciones posteriores a la guerra civil. Ya en la época napoleónica, José Napoleón se había interesado personalmente por este jardín ordenando a Juan de Villanueva conectar el recinto con la Casa de Campo a través de un túnel y un puente.
Estas conexiones fueron materializadas más adelante por Isidro González Velázquez bajo el reinado de Fernando VII. Hoy en día, el parque del Campo del Moro ofrece un respiro sombreado con terraza, contando con un acceso totalmente gratuito para los paseantes, aunque ciertas áreas permanecen temporalmente restringidas para el público.
Condiciones de visita, venta de entradas y estrictas normas de seguridad
Para planificar una visita al Palacio Real de Madrid situado en la Plaza de Oriente, los visitantes acceden al complejo por la verja de la explanada de la Almudena, en la esquina con la calle Bailén, un punto de entrada compartido con los grupos. El recinto cuenta con la conexión de las líneas 2 y 5 de metro en la estación Ópera, la estación de Príncipe Pío y la estación de BiciMad n°36.
De lunes a sábado, el monumento abre a los visitantes de 10:00 a 18:00 entre octubre y marzo (último acceso a las 17:00), y amplía su horario de 10:00 a 19:00 de abril a septiembre (último acceso a las 18:00). Los domingos, la apertura se fija de 10:00 a 16:00, con el cierre de taquillas y de admisiones programado a las 15:00.
Se establecen franjas de entrada gratuita de lunes a jueves de 16:00 a 18:00 de octubre a marzo (cierre del acceso a las 17:00) y de 17:00 a 19:00 de abril a septiembre (cierre a las 18:00). No obstante, durante estos turnos gratuitos, la Real Cocina permanece cerrada al público, manteniéndose aforos generales limitados para garantizar la conservación del patrimonio.
En cuanto a las tarifas, la entrada individual básica tiene un coste de 18 €, la tarifa reducida es de 9 € y la tarifa para agencias se sitúa en 16 €, complementadas con opciones de visita guiada por 8 € o audioguía por 5 €. Patrimonio Nacional aconseja encarecidamente la reserva en línea debido a la capacidad de acogida limitada y aplica una rigurosa política de seguridad: se desaconsejan mochilas voluminosas, maletas y equipajes grandes debido a obras, y los billetes de 200 € y 500 € no son admitidos en taquilla.
Por último, se autoriza la toma de fotografías sin flash para uso estrictamente personal en las salas, a excepción de los espacios debidamente señalizados, mientras que los trípodes y palos de selfie quedan totalmente prohibidos con el fin de preservar la tranquilidad del lugar y la intimidad del personal.
Fuentes: news.google.com · patrimonionacional.es